Me
dirijo a ustedes, no solamente para darles todas mis bendiciones, sino
para que sepan que la raza humana tiene una gran misión. Es la misión
de hermanarse, es la misión de estar en contacto unos con otros y,
por sobre todas las cosas, de tener una vocación de Servicio. No
piensen que el servicio es solamente dar ayuda material a un
semejante, porque no todos lo pueden hacer. El servicio es brindar su
tiempo, brindarse como ser humano, dar ese amor impersonal que
todos los seres vivos tenemos, no solamente en el planeta Tierra, sino
en todos los planetas del universo conocido.
Ese
servicio va a hacer que toda la vida cotidiana sea mejor, tanto para
las personas que lo presten, como para aquellos que reciban el mismo.
Por sobre todas las cosas, lo que hay que brindar es ese amor
impersonal, desinteresado, para poder lograr que toda la raza se eleve
de vibración.
En
este momento hay mucho egoísmo, hay un caudal de ego tremendo. La
gente está susceptible, se ofende, se encierra en sí misma. Cada uno
piensa solamente en su dolor y no piensa en el dolor del otro.
Como
dijo hace dos milenios atrás mi hermano espiritual, el Maestro Jesús:
“Amáos los unos a los otros”.
Eso se logra cuando no se tiene ego en absoluto.